LOS EFECTOS TÓXICOS DE LOS ANTIRETROVIRALES EN EL “ACTIVISTA” QUE PROMUEVE SU DISTRIBUCIÓN PARA LOS POBRES SEROPOSITIVOS EN SUDÁFRICA

 

(EXTRACTO DE LA DEMANDA CRIMINAL DE GENOCIDIO CONTRA

ABDURRAZACK “ZACKIE” ACHMAT  PRESENTADA EN LA CORTE PENAL INTERNACIONAL DE LA HAYA)

 

Achmat tiene un conocimiento personal directo de la alta toxicidad de los ARVs ante la que el Presidente Mbeki y la Dra. Tshabalala-Msimang han advertido de forma reiterada, en tanto que él ha experimentado personalmente sus efectos tóxicos hasta el grado que estuvo gravemente afectado por los mismos, y posteriormente casi lo matan un año después.

 

En un comunicado de prensa el 8 de Septiembre de 2003, Achmat dijo que cuatro días antes había ingerido su primera dosis de Triomune, un cóctel de ARV genéricos constituido por d4T, 3TC y nevirapina en un solo comprimido. Inmediatamente experimentó un fuerte dolor de cabeza y una confusión mental derivada de la intoxicación que le hacía sentirse “flotando”. Al cabo de unos pocos meses, los fármacos venenosos le habían producido tanto daño, que se encontraba completamente inválido.

 

Un artículo aparecido en el Daily Dispatch del 28 de Mayo de 2004 no sólo revelaba que la toxicidad del régimen con triple combinación de ARVs  había dañado e incapacitado a Achmat tanto física como mentalmente, sino que también había estado ocultando de forma deliberada todo esto, por el hecho de que no quería perder su prestigio en esta cuestión ante el Presidente Mbeki y la Dra. Tshabalala-Msimang, al hacer que las numerosas advertencias públicas sobre la toxicidad de los ARVS se vieran justificadas públicamente por su admisión de que le habían originado lesiones graves, en especial desde que les había estado vilipendiando sin ningún tipo de contención decente por sus importantes cargos de Presidente y Ministro Nacional de Salud a causa de su aversión a los fármacos que a él mismo le habían resultado demasiado agresivos para su estómago. Y más aun que perder su prestigio, no quería perder el poder político que había ganado a través de su implacable campaña publicitaria, al reconocer que ellos tenían la total razón sobre los fármacos y que él estaba completamente equivocado.

 

“Las cosas han cambiado en la vida de Zackie Achmat”, decía el artículo:

Habiendo sido en el pasado más fácilmente accesible y siempre rápido con una mordacidad contundente, un ayudante personal vigila ahora el teléfono móvil y la agenda del responsable de Treatment Action Campaign (TAC) y revisa a los visitantes antes de acomodarlos en el estudio de Achmat ... Todos estos cambios significan un nuevo nivel de organización en la vida de Achmat y la necesidad de afrontar múltiples peticiones para entrevistarlo, si bien los cambios más profundos se produjeron en los primeros seis meses de tratamiento antirretroviral, y todo ello ha forzado al carismático activista a revisar su vida ... un retroceso espantoso ... sucedido en Febrero y Marzo ... que sacudió la autoconfianza de Achmat. ... “Al comenzar el quinto mes, empecé a tener una sensación en los pies. Al principio, no hice caso, pensando que había hecho algo en el gimnasio. La segunda semana, se hizo evidente para mí y pensé: “No puedo dejar que Manto gane y no puedo dejar que Mbeki gane”, y me mantuve en reposo otras tres semanas”. Cuando Achmat habló finalmente de sus síntomas con su médico, los nervios de sus pies estaban tan sensibles que apenas podía caminar. Un cambio en los fármacos (de d4T a AZT) ha detenido su situación, y su pie izquierdo ha mejorado, pero aún no puede apoyar peso sobre el pie derecho durante mucho tiempo, ni puede caminar una distancia larga. ... Achmat, que tiene antecedentes clínicos de depresión, dice que el hecho de sentirse inmovilizado durante una semana mientras su médico intentaba controlar los efectos secundarios le sumió en una terrible depresión, la peor que había tenido en dos años.

En realidad, el AZT no es menos neurotóxico que el d4T: como análogos de nucleósido, los dos fármacos pertenecen precisamente a la misma variante química, y tienen, básicamente, la misma toxicidad. Además, la neurotoxicidad de los fármacos que le habían incapacitado físicamente también parecían haberle ocasionado hacia finales de 2004 un deterioro mental evidente (un efecto nocivo que los médicos llaman “quimiocerebro”).

 

Las primeras señales de todo esto en el artículo del Daily Dispatch fueron confirmadas por la periodista Willemien Brummer, la cual observó a Achmat durante una entrevista publicada por News24.com el 1 de Diciembre de 2004. Ella se perturbó al advertir que

Sus palabras eran murciélagos que volaban uno hacia otro en la oscuridad. Sus frases acababan en el aire. Era como si te mirara a través de una densa capa de niebla. Fue durante esos momentos cuando me pregunté qué le estaba ocurriendo. En especial, cuando cancelaba ruedas de prensa y apariciones públicas en el último momento ... Entre sorbo y sorbo [“de sopa y un vaso de zumo de naranja”], habla sobre su pasado y la compleja interacción entre los agentes químicos en su cerebro, sus genes y el virus con el que lleva diagnosticado desde 1990. El virus de IH ya penetra en el cerebro durante la cero-conversión [sic]. ... La reacción de cada paciente a esta penetración es diferente. Hay muchas posibilidades de que pueda conducir a una depresión y a un deterioro cognitivo, y, durante las etapas finales, incluso a una demencia, una patología que sólo suele afectar a los ancianos.

La apreciación subjetiva del propio Achmat referente a su situación de deterioro mental, su incipiente demencia asociada al SIDA inducida por los ARVs, fue transmitida a través de su preocupación expresada a Brummer acerca de que “perder el control de su mente [era] su mayor temor”, quejándose al igual que un anciano cada vez más senil que sabe que está perdiendo el juicio: “Siempre que mantenga mi dignidad”.

 

Brummer continuaba:

Y luego llegaron los efectos secundarios de tipo físico de los antirretrovirales. En especial, la neuropatía periférica, una patología que tiene lugar cuando las terminaciones nerviosas resultan dañadas. Se sienten dolores quemantes en los pies y las piernas. Fue tan perjudicial para Achmat, que en el quinto mes de tratamiento antirretroviral, ya no podía andar. “Me encontraba totalmente melancólico e incapacitado al comenzar el año. Me peleaba con las personas más cercanas y queridas, y no quería aceptar que estaba experimentando efectos secundarios”.

La frase de Achmat “experimentando efectos secundarios” podría parecer demasiado suave para lo paralizado que estuvo físicamente y la disminución psíquica que presentaba, pero en todo caso el hecho admitido de que había estado gravemente afectado por los ARVs al cabo de unos pocos meses de comenzar a ingerirlos refuta de lleno su afirmación descaradamente falsa aparecida en la contraportada del número de Marzo de 2006 de su revista Equal Treatment de TAC: “Me encuentro bien de nuevo gracias a ellos”.

 

Ansioso por proyectar la impresión de que estaba mejorando con sus pastillas, no hundiéndose con ellas, Achmat le insistía a Brummer:

He estado bien desde Junio. En Septiembre, fui a Londres, Alemania, Addis Adeba y de regreso a Londres, y concertaba tres citas al día. Regresé a Durban el Martes.

Lo que Achmat quería hacer ver era que “desde Junio” ya no había experimentado los fármacos venenosos como venenosos. Obviamente, la razón más probable es que, en contra de su afirmación en la leyenda de su alegre foto de reconocimiento aparecida en su revista Equal Treatment, Achmat realmente ya no estaba tomando los fármacos, o ya no lo hacía en las dosis prescritas sino en otras mucho menores. Esta suposición viene respaldada por el engaño público admitido por el propio Achmat, y la total imposibilidad de que una mezcla de tres sustancias químicas tóxicas que le habían dejado extremadamente enfermo, se pudieran considerar posteriormente como benignas y beneficiosas para la salud, tras haber sustituido uno de ellas por otra químicamente casi idéntica.

 

Ciertamente ha dejado claro que no quiere que nadie lo controle para asegurar que realmente se está tomando esas pastillas venenosas según lo prescrito (lo que los médicos llaman TOD, es decir, Terapia Observada Directamente, algo rutinario en el tratamiento de la TB) ya que, tal como decía en el número del 7 de mayo de 2006 del Statesman:

Esto, para mí, es inaceptable ya que limita la autonomía y la dignidad de toda persona.

En realidad, el motivo por el que Achmat no quiere que nadie le encuentre haciendo trampas al tirar los ARVs por el inodoro cuando nadie le ve, es porque tienen una toxicidad intolerable para la mayor parte de la gente.