Cómo la nueva democracia de Sur Africa fue traicionada al servicio de la industria farmacéutica

 

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EL VIH/SIDA NO EXISTE

Preguntas para desmontar un invento “made in USA”

por Lluis Botinas, Barcelona, España

 

Me complace contribuir a esta importante deconstrucción del mito VIH-SIDA, realizada por mi buen amigo y camarada durante años en las guerras del SIDA, Lluís Botinas.

En 1996, dos años después de la liberación nacional en Sudáfrica, la multinacional farmacéutica más grande del mundo en aquellos momentos, GlaxoWellcome (actualmente GlaxoSmithKline), inició una agresiva campaña de marketing destinada a coaccionar a nuestro recién electo primer gobierno democrático para que comprase su medicamento AZT a fin de administrárselo a embarazadas seropositivas, casi todas africanas, alegando que ello impediría la infección por VIH de los recién nacidos, y que, sin este medicamento, enfermarían y morirían.

Ese mismo año, me di cuenta de que todo el modelo germen/veneno del SIDA era una falacia médica y científica, y de que el AZT y los demás medicamentos antirretrovirales facilitados por doctores a personas seropositivas, son completamente inútiles y mortalmente venenosos. En vista de la presión a la cual mi gobierno se veía sometido para comprar AZT, decidí esforzarme en mostrar el medicamento tal y como es en realidad: un veneno celular, originalmente sintetizado en 1961, como quimioterapia experimental para el cáncer, para matar células sanguíneas leucémicas. A mediados de 1999, envié un dossier al Ministro de Salud en el que examinaba algunos de los cientos de documentos de investigación que denuncian la peligrosa toxicidad del AZT, y tras leerlo, el Presidente Thabo Mbeki ordenó, el 28 de Octubre, una investigación parlamentaria sobre la seguridad del medicamento, afirmando que “... existe un gran volumen de literatura científica que mantiene que… de hecho, la toxicidad de este medicamento tal y como es, representa un peligro para la salud. Estos son asuntos de gran preocupación para el gobierno, ya que sería irresponsable por nuestra parte no prestar atención a las graves advertencias que estos investigadores nos han estado enviando”.

La advertencia del presidente Mbeki no tuvo efecto. El Medicine Control Council dictaminó que el AZT era seguro. El grupo Treatment Action Campaign, lobby de la industria farmacéutica, logró derrotar al gobierno una vez tras otra: en 2002, obtuvo un mandamiento judicial para suministrar otro medicamento tóxico contra el SIDA, la nevirapina, a mujeres africanas embarazadas y a sus bebés; en 2003, forzó la provisión de medicamentos antirretrovirales en los hospitales y clínicas públicas; y el 25 de enero de 2008, amenazando con más litigios, consiguió que el National Health Council recomendase el AZT para mujeres embarazadas y sus bebés, es decir, lo más temido por el presidente Mbeki.

Docenas de estudios demuestran que los niños expuestos al AZT en el útero y después del parto, tienen un índice más alto de muerte prematura y de incidencia de enfermedades graves, afecciones inmunológicas, daño cerebral y otras afecciones neurológicas, como es de esperar que ocurra con un veneno celular diseñado a propósito para matar células humanas. Miles de bebés africanos corren el riesgo de quedar lisiados y de morir por culpa del fármaco.

El informado e instruido gobierno de Sudáfrica, presidido por Mbeki, se ha visto completamente dirigido por la industria farmacéutica y sus proxenetas. Ha sido una lección sobre hasta qué punto, al alinearse con los planes comerciales y geopolíticos de los gobiernos del Norte y las multinacionales, una ONG vendida a intereses extranjeros e injertada en una joven democracia del Sur, puede atraer enormes sumas de financiación extranjera; acumular un inmenso poder político construyendo amplias coaliciones internas y externas de entidades de una ‘sociedad civil’ burguesa reaccionaria; tergiversar con éxito la verdad sobre la mercancía comercializada, con incesante y mentirosa palabrería vendedora, repetida acríticamente por sus aliados en el periodismo corporativo; subvertir la voluntad democrática representada por nuestro Movimiento de Liberación Nacional en el poder; y secuestrar las prerrogativas de nuestro gobierno para dictar políticas, con las consecuencias prácticas más horribles, todo ello bajo la tapadera de servicio a los “derechos humanos”, la moneda falsa de la política imperial occidental.

Como ocurrió cuando la Ocupación, la resistencia es imperativa; y sólo mediante una agitación persistente y una difusión de la verdad, podrán ser expuestas y neutralizadas las mortales mentiras de la industria del SIDA. Este libro es un paso adelante en esta lucha.

  

ANTHONY BRINK

arbrink (@) iafrica.com

 

Ciudad del Cabo

 

10 de Mayo de 2008