EL LADO OCULTO DEL PODER

POR MARGARET HEFFERNAN, AUTORA DE “LA CEGUERA DELIBERADA” (WILFUL BLINDNESS), 2011, ED. SIMON & SCHUSTER

THE AUSTRALIAN FINANCIAL REVIEW, 9 DE SEPTIEMBRE DEL 2011

EL ARTÍCULO ESTÁ DISPONIBLE EN LÍNEA EN www.tig.org.za/TIGsp/Power's_blindside.pdf

EXTRACTOS ESCOGIDOS Y TRADUCIDOS POR EL TIG (GRUPO DE INFORMACIÓN SOBRE TRATAMIENTOS) www.tig.org.za/TIGsp/indexSp.htm

 

“Si hay un conocimiento que se podría y se debería haber tenido pero que se eligió no tener, aún se es responsable” - Margaret Heffernan 

 

Los casos de ceguera deliberada no tienen que ver con una mirada retrospectiva, sino que representan información actual que era accesible, pero de la que se hizo caso omiso.

Si bien es tentador ridiculizar a los pillos por separado, más a menudo las causas son sistémicas y culturales. Hay muchos motivos –psicológicos, sociales y estructurales– por los que no vemos lo que más necesitamos observar, pero ninguno de esos motivos proporciona una coartada o excusa.

F. A. Hayek escribió que “sin una teoría, los hechos son silenciosos”, pero con una teoría o ideología, los hechos inconvenientes pueden devenir invisibles.

En 1956 Alice Stewart, epidemióloga residente en Oxford, demostró con datos alarmantes que las posibilidades de contraer cáncer en la niñez aumentaban enormemente si a las mujeres embarazadas se les hacían radiografías. En ese momento estos tipos de cáncer estaban matando a un niño por semana. Sin embargo la clase dirigente médica británica y norteamericana tardaron 25 años en suspender esa práctica. Los datos presentados por Stewart  contradecían la teoría epidemiológica actual, es decir, la “teoría del umbral” según la cual, si bien una fuerte dosis de cualquier cosa podría ser peligrosa, siempre existía un punto, o umbral, mas allá del cual no había duda de que iba ser segura. Su investigación señaló que para los fetos no existía un nivel de radiación seguro. A Stewart se le opuso duramente Richard Doll, el epidemiólogo más destacado de Gran Bretaña en aquel entonces, que se hizo famoso por identificar la relación entre el tabaco y el cáncer. Pero fue recién en 1997 que Doll abandonó silenciosamente la teoría del umbral, entonando un mea culpa de lo más modesto.

Las grandes ideas pueden hacer ver las cosas con anteojeras, cegando al creyente ante datos refutatorios. Esta disonancia cognitiva se resuelve a favor de la fe.

Tal como [Alan] Greenspan atestiguó “la ideología es el modo con el cual la gente se maneja con la realidad, y todos la tienen”.

Las ideologías son lo que el psicólogo Anthony Greenwald llamó “egos totalitarios”, que trabajan para conservar nuestras principales creencias eliminando las ideas amenazantes, suprimiendo las pruebas contradictorias y reescribiendo la historia. Una vez que se alistaron, esos egos totalitarios son notablemente sumisos.

n.d.t.: En el siglo diecinueve, el médico húngaro Ignacio Semmelweis determinó que el altísimo índice de mortalidad en las parturientas a causa de la fiebre puerperal se debía al hecho que los estudiantes de medicina, luego de practicar disecciones en cadáveres, acudían a estas mujeres sin lavarse las manos. Semmelweis sufrió la oposición del cuerpo médico, lo que en diversas ocasiones le costó su empleo. Desesperado por evitar tantas muertes inútiles,  demostró la validez de su hipótesis cortándose a sí mismo con un bisturí luego de que fuera empleado en disecciones, causándole los mismos síntomas que la fiebre puerperal, y la muerte.

El médico sueco Olle Hansson cuenta en “Dentro de la Ciba-Geigy” (Inside Ciba-Geigy) su denuncia del anti diarreico Clioquinol (vendido por esta empresa con el nombre comercial de Enterovioform) como causa del SMON (neuropatía mielo-óptica subaguda), es decir,  cambios degenerativos en los nervios ópticos y de la médula espinal que lisiaron a alrededor de 11.000 personas durante casi cuarenta años, pero que tanto los médicos como la compañía se negaban a reconocer. Véase la recensión del libro en

http://cs-test.ias.ac.in/cs/Downloads/article_27662.pdf

En su análisis sobre la obediencia en la sociedad moderna, el psicólogo Stanley Milgram observó la creciente “tendencia del sujeto a absorberse tanto en los limitados aspectos técnicos de la tarea que pierde de vista las consecuencias más amplias”, de tal modo que “encomienda las tareas más amplias de establecer objetivos y evaluar la moralidad a la... autoridad a la que está sirviendo” (Stanley Milgram, “La obediencia a la autoridad” (Obedience to Authority), 1974, ed. Pinter & Martin, p.25).