EL CRIMEN PERFECTO

Por Anthony Brink

(Algunas observaciones que explican el título de un documental de próxima aparición para el que el autor dio una entrevista)

Traducido por el TIG (www.tig.org.za/TIGsp/indexSP.htm)

 

Inventar enfermedades con fines comerciales es una práctica de la industria farmacéutica, que está bien documentada.

Ésta consiste en tramar, inventar una nueva enfermedad, y vender la solución.

Es una práctica comercial habitual, una manera de crear nuevos mercados para obtener más ganancias.

Recientemente han aparecido varios ejemplos, que comento en mi libro más importante de próxima aparición intitulado “Just Say Yes Mr President: Mbeki and AIDS” (Sólo diga que sí, Sr. Presidente. Mbeki y el Sida).

De esta forma, se redefinen comportamientos perfectamente normales como si fueran estados patológicos. Por ejemplo, el “trastorno de déficit de atención” que se da en los niños aburridos e inquietos, especialmente en aquellos que preferirían estar entreteniéndose en los juegos al aire libre, se  trata con fármacos como si de la solución se tratara.

Esto no quiere decir que a muchos niños no les cueste concentrarse – ello se debe a que su cerebro ha sido dañado por el conservante mercurial contenido en las vacunas que les han dado (sin embargo, sus efectos son subclínicos, es decir, los médicos no los detectan fácilmente porque no son patentes), por el mercurio presente en los empastes dentales de su boca, los insecticidas neurotóxicos en la fruta y verdura que comen, y los edulcorantes en las bebidas gaseosas que beben, que también son neurotóxicos.

Si se observa todo esto un poco más de cerca, se puede descubrir que el “Sida” es una de esas invenciones.

A diferencia de las paperas, sarampión o poliomielitis paralítica, afecciones específicas perfectamente definidas independientemente de sus causas reales y de las controversias que suscitan, muy poco conocidas – el Sida es una enfermedad por su misma definición, pues se trata de alrededor de 30 enfermedades antiguas que rebautizan con el nombre de Sida cada vez que las supuestas pruebas de anticuerpos ante el VIH muestran una reactividad repetida.

Pero si se observan detenidamente estas pruebas, resulta que son tan específicas como la distancia entre las cejas para determinar si alguien es un criminal latente – una ciencia que en otros tiempos se la consideraba superior y muy seria.

Dichas pruebas son tan específicas como el probar y oler la orina y examinar su color a la luz del sol y de la luna, para así determinar científicamente su  peso específico y poder brindar diagnósticos altisonantes e impactantes de tal o cual enfermedad – pero muchas de esas “enfermedades” en los seres humanos ya ni siquiera existen en la medicina occidental, como el “ague” (alternancia de accesos de fiebre y escalofríos) y el “moquillo de las prisiones”, etc.

Y es así que se genera un mercado de gente aterrada a quienes se crea la necesidad de procurarse la solución que se está pregonando.

Sin embargo, resulta ser que la solución es un veneno, cuyo efecto varía, puesto que algunas veces actúa rápidamente,  mientras que otras veces lo hace lentamente – dependiendo de la reacción individual, tal como ocurre con las mordeduras de serpientes.

Luego la onda de muertes que se presenta como consecuencia se le atribuye a la nueva peste que se ha inventado.

El clima moral y cultural también han influido, puesto que nos encontramos ante una reacción cultural por parte de la denominada “Mayoría moral” en los Estados Unidos contra la permisividad abierta de los años sesenta (heterosexual) y la de los setenta (homosexual).

De acuerdo con las cifras procedentes del Centro norteamericano para el control de las enfermedades (CDC) mismo, en el año en el que el AZT salió al mercado el índice de mortalidad por el “Sida” se multiplicó 10 VECES. Antes del AZT, las muertes se debían predominantemente al consumo de drogas, malnutrición, antibióticos agresivos y peligrosos como Pentamidina y Septrim, y a varias sustancias quimioterapéuticas mortales que se daban en casos de síntomas que se consideraban cancerosos.

Por lo tanto, cuanto más se mata, más terror se suscita,  lo que a su vez genera más demanda de mercancía mortal.

Y es así como los grupos de accionistas de las compañías farmacéuticas ganan trillones de dólares.

Los “grupos de inversores” se reducen a unas pocas familias de cristianos y judíos sonrientes.

Incluso se logró convencer a los políticos norteamericanos para que destinaran 48 billones de dólares, repito, 48 billones de dólares a África para la lucha contra la epidemia, pues todo el mundo sabe que los negros no pueden controlarse, a diferencia de los cristianos y judíos sonrientes. Eso significa que para costear esta cruzada loca se desvían y entregan a las compañías farmacéuticas billones de dólares procedentes del bolsillo de los contribuyentes.

Debido al clima general generado por esta propaganda histérica, es imposible pensar que el responsable de la “epidemia” sea la mercancía misma (es decir, pruebas inútiles y fármacos mortales).

De ahí que sea “El crimen perfecto”.

Tal como sucedía con la “sífilis” - pruebas inútiles acompañadas por tratamientos mortales con mercurio y arsénico – al final la estafa se va desvaneciendo, pero la reemplaza otra que sigue esencialmente la misma pauta. Esta pauta fue concebida por algunas religiones mucho tiempo atrás. Se le dice a la gente que hay algo en ellos que no va, y que a menos que paguen sus servicios e intercesiones, les aguarda un destino horrendo.

Esas catedrales imponentes que se hallan por toda Europa no se hicieron de la nada.