LAS REVISTAS CIENTÍFICAS QUE ABANDONARON LA CIENCIA

POR MARCEL GIRODIAN

EXTRACTOS TRADUCIDOS POR EL TIG (GRUPO DE INFORMACIÓN SOBRE TRATAMIENTOS), DE “LA MAYOR EPIDEMIA ES QUE A LAS ENFERMEDADES SE LES ATRIBUYA UNA RELACIÓN CAUSA-EFECTO MOTIVADA POLÍTICAMENTE”, 5 DE MAYO DEL 2005, http://www.thenhf.com/articles_117.htm (TRADUCCIÓN EN CURSO).


Las revistas científicas y médicas que publican teorías sobre nuevas enfermedades deberían ser imparciales, pero no lo son, porque las páginas de esas revistas están atiborradas de publicidad procedente de las compañías farmacéuticas, que anualmente proporcionan a las revistas, en concepto de publicidad, ingresos por millones de dólares. Estas compañías farmacéuticas no sacan provecho si la causa de las enfermedades fuese una toxina, sino que para que puedan producir fármacos para “combatir” las mismas necesitan que la causa sea un germen. En los artículos que publican, las revistas científicas tienen que aceptar esa premisa de los gérmenes como causa de las enfermedades, y de los poderes milagrosos para aliviar las mismas de los fármacos elaborados por los productores de fármacos. Caso contrario las compañías farmacéuticas sacarían sus anuncios y las revistas irían a la bancarrota, o si no, al menos no estarían nadando en dinero tal como lo están haciendo ahora.

Recientemente la doctora Marcia Angell y el Dr. Jerome Kassirer, dos directores en jefe del “New England Journal of Medicine”, publicaron denuncias advirtiendo que el dineral procedente de las compañías farmacéuticas que se les paga a los investigadores universitarios está afectando a la investigación médica. Es verdad, pero también es verdad que el dineral procedente de las compañías farmacéuticas que se les paga a las revistas médicas para colocar anuncios de fármacos ilustrados en cuatro colores, influye en las personas que dirigen las revistas, y así se agrava la parcialidad que existe a favor de los fármacos. Las compañías farmacéuticas tienen una influencia determinante en todo un sistema que va desde las investigaciones hasta las publicaciones.

Imaginad si una revista comenzara a publicar artículos de científicos disidentes que afirmasen que toda esta cosa de la relación causa-efecto de las enfermedades es una fantasía autoconveniente inventada por un establishment médico-científico-industrial enfermo. Probablemente al director no lo matarían de un disparo a la entrada de un restaurante, pero es muy posible que el editor lo eche, y que le sea casi imposible encontrar un empleo semejante en otro lugar.

Angell escribe que “la investigación está predispuesta a favor de los fármacos y los productores de medicamentos. La industria farmacéutica invierte mucho en influenciar a la gente que está involucrada en la medicina universitaria y a los cuerpos profesionales. Realiza un trabajo estupendo para asegurarse [que] casi toda persona importante que encuentran en la medicina universitaria, [que] de cualquier modo esté involucrada con los fármacos, sea empleada como asesora, conferenciante, sea colocada en un comité asesor –y que se le paguen generosas cantidades de dinero”.

Pues bien, demos un paso atrás y miremos esto. Las empresas farmacéuticas dan “subvenciones de investigación” y/o “honorarios por consultas” y/o “membrecías en los comités asesores”, prácticamente a todos los que están involucrados en la investigación médica. Financian cátedras universitarias enteras, dan “contribuciones a las campañas” de todos los políticos que puedan afectar a sus intereses, engendran un entendimiento con las personas que regulan las instituciones federales según el cual, si hacen bien su trabajo, cuando dejen el gobierno la empresa farmacéutica les ofrecerá un trabajo prestigioso con una cuenta de gastos de representación, una oficina en una esquina lujosa, y una secretaria pechugona. Sobornan a la burocracia sanitaria de arriba a abajo para que de facto los organismos de control se vuelvan extensiones de la compañía farmacéutica. Luego se puede contar con que los jefes del organismo recompensen a los científicos que trabajen en equipo, y que castiguen a los que tengan formas de pensar y conciencias independientes, y que crean que se debe proteger al público, no a las empresas.

Lejos de extrañar y de dudar de las declaraciones de los ambiciosos que forman parte de la sanidad pública, la prensa trata cada nueva historia alarmista que publica la Organización mundial de la salud como si fuera un hecho, y no una afirmación hecha por un organismo corrupto tanto a nivel económico como político.

Lo que la gente no se da cuenta (porque la prensa no se lo dice) es que ahora las empresas farmacéuticas y químicas financian a la Organización mundial de la sanidad (OMS), a la UNICEF, a otras organizaciones de las Naciones Unidas, y a miles de organizaciones benéficas que se dedican a la “salud”, tanto a las principales como a las más pequeñas. Luego estas “organizaciones no gubernamentales” pasan a formar parte de las operaciones de relaciones públicas de las compañías farmacéuticas. Sacan fotos de los niños negros enfermos, las colocan en sus anuncios y en sus sitios explotando la conciencia de la gente. ¡Gritan que se debe parar al virus, que necesitamos los fármacos que salvan la vida, las vacunas! Desconociendo el modo con que están manipulados todos los días por imágenes, poca gente compasiva puede resistir a estos llamados, y es el dinero de la industria farmacéutica el que moldea sus opiniones.

CONCLUSIONES INSOSLAYABLES

Los científicos actuales aprendieron cómo diseñar los estudios para asegurarse que lleguen a las conclusiones esperadas. Muchos de los cientos de miles de artículos de las revistas, que infunden la idea de los gérmenes y ensalzan a la medicina con el lenguaje, tablas, gráficos y otra parafernalia utilizados en su pericia, que son extravagantes y que impresionan a los ingenuos, sin duda en realidad son folletos políticos, tal como si hubieran sido escritos por Lenin o Karl Rove.

Mientras que los organismos de salud pública gastan billones de dólares en decirle a la gente que “todos están a riesgo” de contraer supuestas enfermedades contagiosas, gastan muy poco en advertir a la gente sobre los problemas mucho más graves causados por la industria farmacéutica y por la química, como el abuso de los antibióticos, que destruyen al sistema inmunológico, lo cual amenaza que esos fármacos se vuelvan inútiles en las raras ocasiones en que se necesitan realmente, es decir, en situaciones críticas de vida o muerte.

Desgraciadamente parece que la primaria razón de ser de nuestro establishment de la sanidad pública y el de la ciencia médica sea la de negar las tremendas enfermedades causadas por las compañías químicas, y echarle la culpa de las mismas a los gérmenes y genes. También se ocupan de encubrir a las enfermedades iatrogénicas causadas por los fármacos, exagerando la eficacia de los medicamentos y pasando por alto sus efectos secundarios mortales. Finalmente se ocupan de montar un ataque enorme y sin precedentes a los tratamientos sanitarios naturales, y a los remedios naturales, que no son patentables, y que interfieren con las ganancias empresariales. Y están robando a la gente, rápida y despiadadamente, su libertad de ocuparse de su propia salud como mejor les parece.

Pero no se preocupen, ¡porque lo único que hacen es velar por nuestro bienestar!