LA ODISEA DEL MATRIMONIO KRYNEN

 

Como reseña del libro “AIDS – la grande truffa” (Sida – el gran fraude) de Luigi De Marchi y Fabio Franchi, extrajimos amplios pasajes del segundo capítulo del libro y presentamos aquí la experiencia increíble del matrimonio Krynen, dos “misionarios laicos” que a fines de los años 80 decidieron dedicarse a la asistencia de los niños africanos que quedaron huérfanos, de acuerdo con las informaciones de las autoridades sanitarias oficiales, debido a la “tremenda epidemia africana de Sida”. El testimonio del matrimonio Krynen es doblemente valioso pues no se puede sospechar de que tengan una hostilidad preconcebida respecto a las teorías y políticas oficiales en materia de Sida y tampoco pueden ser tachados de incompetentes.

 

 

Después de haberse dado cuenta de que su unión estaba condenada a la infertilidad, Philippe y Evelyne Krynen decidieron dedicar el resto de su vida a la asistencia de los niños del tercer mundo. En 1989, luego de ponerse en contacto con Partage, una organización humanitaria francesa, decidieron dedicarse a los huérfanos del Sida en África, pues, de acuerdo con las informaciones, era el grupo más desafortunado entre los desafortunados niños africanos.

 

Así, realizaron un viaje de tres días utilizando avión, tren y barca, llegaron a la provincia africana de Kagera en Tanzania, zona descripta por los medios de información más importantes y por la prensa científica internacional como el epicentro más tremendo de la epidemia de Sida, destinada a barrer África en poquísimos años.

 

El obispo del pueblo principal, que también se ocupaba de actividades asistenciales, les explicó que, de acuerdo con los test del Sida que se habían llevado a cabo hasta el momento, se calculaba que más del 50 por ciento de la población sexualmente activa ya había sido alcanzada por el virus. Los Krynen vieron las casas y cabañas llenas de niños solos o que habían sido confiados a los abuelos. Los padres habían desaparecido. Muchos viejitos desconsolados estaban sentados delante de la puerta de sus casas pintadas con grandes cruces negras para señalar el paso del Sida.

 

El matrimonio Krynen envió a Francia un informe detallado que tuvo un enorme impacto en la opinión pública francesa y que consiguió mobilizar grandes recursos y energías para la lucha contra el Sida en África. Entre otras cosas, el matrimonio Krynen se expresó de esta manera: “Aquí en África el Sida no elije a sus víctimas entre los grupos marginales. La extrema libertad sexual, la escasa higiene y la falta de subsidios médicos y sociales, han hecho que las poblaciones de estas regiones se convirtieran en un “grupo de riesgo” extremadamente extenso y homogéneo”.

 

Como se ha dicho, el impacto del Informe Krynen fue enorme y, pasados unos pocos años, el matrimonio Krynen se encontraba guiando una organización asistencial poderosa que contaba con 230 empleados a tiempo completo dedicados a asistir a 7.000 niños de la región de Kagera.

 

Pero al final la realidad se mostró tal cual era.

 

Los Krynen escriben: “Queríamos ayudar a la gente a ayudar a los niños. Sin embargo, enseguida tuvimos que darnos cuenta de que nadie estaba interesado en nuestro esfuerzo. En ese momento pensamos que eso podía deberse al hecho de que, dado que por lo menos el 50 por ciento de la población ya estaba afectada por el Sida (de acuerdo con las informaciones de fuentes oficiales), la mayor parte de los indígenas consideraban que debían morir a corto plazo y que por lo tanto no tenían más interés en nada.

 

Sin embargo, cuando sometimos al test del Sida a una muestra representativa de la población de la zona, es decir 850 personas sexualmente activas, descubrimos que los seropositivos eran un poco más del 13 por ciento. Pero también descubrimos que, en un segundo test, el porcentaje se reducía notablemente, por el simple hecho de que en un primer momento también

pueden resultar  seropositivos algunos sujetos que fueron afectados por enfermedades parasitarias consideradas extrañas al Sida”.

 

Cincuenta y cuatro habitantes de los poblados donde los Krynen trabajaban resultaron afectados por afecciones mitóticas y pulmonares que “normalmente eran diagnosticadas como Sida. (...) Además, todos se curaron en manera óptima después de una terapia normal indicada para las patologías respectivas”.

 

Además, muy temprano los Krynen se dieron cuenta de que, al contrario de las afirmaciones oficiales, el Sida no era una enfermedad de transmisión sexual, dado que la mayor parte de los compañeros de los presuntos enfermos de Sida (incluso los supervivientes de los compañeros muertos) no resultaban infectados en absoluto.

 

Pero de todas maneras el golpe final a las convicciones del matrimonio Krynen sobre el Sida provino de una investigación sobre los presuntos “huérfanos”.

 

 “Los 15 poblados donde hemos prestado nuestra asistencia – escriben los Krynen – se encuentran en la zona más “infectada” de una región que se la considera el epicentro del Sida en África. De a poco descubrimos que los padres de casi todos los presuntos huerfanitos en realidad no estaban muertos, pues la costumbre de confiar los hijos a los abuelos y de dejar el país en busca de trabajo es muy difundida en la región desde hace mucho tiempo. (...)

 

Sin embargo, muy temprano la población descubrió que el estatus de “huérfanos del Sida”era redituable, tomando en cuenta las condiciones de miseria espantosas en que se encuentra la mayor parte del continente africano. Si un niño dice que su padre murió en un accidente callejero, al máximo recoje un poco de compasión. Pero si él o sus abuelos dicen que su padre murió de Sida, para el niño enseguida se mobiliza un ente asistencial”. (...)

 

Al final, el matrimonio Krynen resumió así su experiencia:

 

“La mayor parte de los niños asistidos por nosotros en poco tiempo han recobrado una salud excelente cuando han recibido alimentos y tratamientos adecuados, independientemente del hecho de que fueran seropositivos o seronegativos. En los casos en los cuales el niño murió, pudimos constatar que existían patologías bien precisas (como una tuberculosis tratada demasiado tarde, una malaria cerebral, una hepatitis aguda) que sin embargo no tenían ninguna relación con la seropositividad y de ningún modo podían ser diagnosticadas como Sida”. (...)

  

“Nuestros estudios de medicina nos habían hecho creer que el Sida era una epidemia espantosa que desvastaba África y todas las personas que habíamos conocido aquí en la región de Kagera nos confirmaban esa convicción. Sin embargo, ahora habíamos descubierto que todo era falso. Realmente es terrible descubrir que habíamos invertido tantas energías en una causa que se consideraba justa pero que en realidad era solamente un montaje descomunal. Después es difícil recuperar el equilibrio”.

  

El matrimonio Krynen llega a la siguiente conclusión: “África es un mercado para muchas cosas, también para la “buena conciencia” y para muchas “organizaciones de caridad”. Es muy fácil “hacer el bien” en África. Es un continente tan desorganizado que cualquier persona que “haga el bien” al mismo tiempo puede ser cronista y testigo de sus buenas acciones. Resumiendo, es el campo ideal para ciertas organizaciones caritativas, es decir, para la beneficencia que dá ventajas a los benefactores”.

 

Extraído del libro de Luigi De Marchi y Fabio Franchi “AIDS – la grande truffa” (Sida – el gran fraude), de Ediciones SEAM.