ATHENSPLUS, Viernes 3 de Abril de 2009

La periodista Maria Papagiannidou escribió su controvertido tercer libro acerca de los ‘mitos’ que rodean a la epidemia

CUESTIONANDO EL ENFOQUE SOBRE EL SIDA COMUNMENTE MANTENIDO

Por Alexandra Koroxenidis

María Papagiannidou de St Pierre es una periodista griega y ex paciente de Sida. Fue diagnosticada VIH-positiva en 1985, aunque niega la existencia del virus. Nació en 1965, estudió literatura griega en la Universidad de Atenas y obtuvo su doctorado en literatura clásica en la Universidad de Londres. En Enero de 1989 empezó a escribir para el periódico dominical griego To Vima.

Entre 1995 y 2005, fue considerada paciente de Sida declarado y fue tratada con medicamentos antiretrovirales. En 2006, mientras seguía tomando medicación, abrió el sitio www.hivwave.gr , se casó con Gilles St Pierre, canadiense VIH-negativo y publicó dos libros sobre Sida.

En Abril de 2007, como consecuencia de la conclusión de su investigación, dejó de tomar las píldoras que le habían sido recetadas. Su tercer libro, titulado “Adio AIDS! (Adiós Sida!), ahora fue traducido al ingles y fue publicado por Impact Investigative Media Publications bajo el titulo de “¡Adios Sida! ¿Alguna vez existió?” El libro será presentado el Martes 7 de Abril, a las 12.30 en la librería Ianos en Atenas, y el Miércoles 8 de Abril a las 19.30 en el Museo del Deporte de Thessaloniki.

El programa de VIH/Sida de Naciones Unidas (UNAIDS) anunció en su “Informe de 2008 acerca de la epidemia global de Sida” que entre 30 y 36 millones de personas vivían con el VIH en 2007. Según UNAIDS, el VIH afecta a las células del sistema inmunitario humano y destruye o bloquea su funcionamiento. El Sida es una definición que se refiere a la vigilancia basada en signos, síntomas, infecciones y cánceres asociados con la deficiencia del sistema inmunitario que se origina a partir de la infección provocada por el VIH.

¿Cómo fue que decidió escribir su primer libro sobre Sida?

“Pos nikisa to AIDS” (Como conquisté el Sida) fue escrito durante tres meses en 2006 y fue publicado por Kastaniotis. Fue un arrebato después de 20 años de  silencio, cuando me di cuenta de que todo lo que se decía acerca del Sida no tenía nada que ver con lo que había experimentado todos esos años. Dió la casualidad de que sobreviví más tiempo de lo que se esperaba y decidí testificar acerca de mi experiencia contradictoria y sus implicaciones, que después fueron confirmadas por los datos científicos que estaba destapando. Ya fue una victoria el hecho de  denunciar  después de anos de permanecer en silencio. Sabía que llegar al fin de las revelaciones era sólo una cuestión de tiempo – porque apenas había abierto la caja de Pandora. Y quería hacerlo público.

Uno de sus primeros argumentos fue el de que no existen hombres heterosexuales VIH-positivos que no sean drogadictos. Usted hizo una invitación abierta en su sitio con el objetivo de encontrar alguno. ¿Cual fue la respuesta?

En realidad no era un argumento, era una observación. Quería utilizar mi experiencia para formular la pregunta de por qué sucede esto. La primera respuesta fue la de un hombre no seropositivo quien se convirtió en mi marido. El tenía un sito titulado “El mito del ‘Sida’ transmitido por vía sexual” y me agradeció por la inquietante invitación abierta. No hubo otras respuestas serias.

Luego llegó el segundo libro y ahora el tercero. ¿Uno es la continuación del otro?

Sí, uno es la consecuencia del otro. El segundo libro, llamado “To pechnidi tou erota sta chronia tou AIDS” (El juego del amor en la era del Sida), presentó más información inquietante que cuestionaba la historia oficial del Sida y, al mismo tiempo, celebraba nuestra historia de amor. Mi último libro, “¡Adiós Sida! ¿Alguna vez existió?” da un paso más adelante, y explica cómo llegue a decidir dejar de tomar píldoras y de ver a los médicos. Describo por primera vez lo que me pasó a mí desde el principio. Ahora tenía que poner todo en orden, lo que me sucedió a mí, lo que pensé que era y lo que resultó ser al final. La última parte del libro trata la cuestión de lo que se hace después de que uno se dio cuenta de que, durante veinte años, la vida de uno se basó en una gran mentira que lo estaba llevando a la muerte.

“DE LO QUE SUFRÍ  FUE DE LA CREENCIA EN TODA LA TEORÍA”

Parece que Usted afirma que no existe el Sida. Si es así, ¿De qué sufrió Usted todos esos años?

Hace veinte años fui diagnosticada VIH-positiva. Finalmente supe que no existe evidencia fidedigna acerca de la existencia del virus ni de su condición patogénica ni de su transmisión a través del contacto sexual y ni siquiera de su detección a través de ningún análisis. Por lo tanto, tal como es descrito, no existe el Sida. Cuando se descubre que uno es positivo, se está abrumado de stress, miedo y desesperación. Se le dice a uno de no contarlo a nadie y uno se siente solo y desesperado. Esto tiene un efecto corrosivo en el corazón y en la mente; como consecuencia, uno termina enfermándose. Luego se le dice que tiene que empezar con las medicaciones – no para ser curado, sino sencillamente para que se pueda prolongar la vida. En realidad, lo que se prolonga es el sufrimiento. De lo que sufrí fue de la creencia en toda la teoría del Sida.

Si el VIH no existe, ¿Cual es el virus que supuestamente es transmitido por vía sexual?

En primer lugar, el VIH nunca fue aislado. Incluso Luc Montagnier, que recibió el Premio Nobel en 2008 por el descubrimiento del virus del Sida, declaró durante una entrevista en 1997 lo siguiente: “Repito, no aislamos el virus”. El año pasado, envié una carta, firmada también por otros 25 ciudadanos griegos, al Ministerio de Salud Pública y también al presidente de la Asociación Griega para el Estudio y el Control del Sida, pidiéndoles que nos informaran cuando y donde se publicó el artículo científico, según el cual se demostró la existencia del VIH y su acción patogénica y de darnos este documento con el objetivo de comprobar su validez. No nos fue dada ninguna respuesta a nosotros ni a nadie más de los que han hecho la misma petición en Italia, Austria y Alemania, y ya pasaron 12 años de esto.

Se derrochó mucho dinero en la investigación del Sida. ¿Si no existe el Sida, entonces por qué el Estado se tendría que tomar todo este trabajo?

El Estado no analiza la credibilidad de la información que recibe de la Organización Mundial de la Salud (WHO), que a su vez está manejada por los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades, que están bajo la jurisdicción del Ministerio de Salud Pública americano. El Sida tiene que ver con la política y los intereses creados.

Los científicos hablan de la epidemia de Sida en los países del tercer mundo y en África. ¿Si cree que el Sida es un montaje, entonces de qué sufre esa gente?

La gente en África sufre de inmunodeficiencia debida a desnutrición, pobreza, falta de agua potable e interminables guerras civiles. Allí no hay necesidad de afirmar la existencia de un nuevo virus. Se considera que tienen Sida y por lo tanto necesitan medicación para el Sida y ellos se desesperan aún más.

¿Cual es su explicación acerca de los grupos de alto riesgo, como los homosexuales?

Parece que los análisis de anticuerpos al VIH poco fidedignos también son selectivos. Muestran un resultado positivo bajo ciertas condiciones que también incluyen a las mujeres embarazadas, hemofílicos, pacientes que han recibido transfusiones, y otros. Por lo menos los “grupos de alto riesgo” pueden evitar esa patraña, pues no están obligados a hacerse el análisis, pero las mujeres embarazadas no tienen más remedio.