DECLARACIONES DEL DR. KARY MULLIS, PREMIO NOBEL DE QUÍMICA 1993, SOBRE EL AZT

(Pasajes del capítulo 19, p. 184-186 de su libro "Danza descarnada en el campo de la mente" (Dancing Naked in the Mind Field), Editorial Bloomsbury, Londres, 2000, 222 p.)

 

Es posible que el Sida mate, así como también es posible que lo haga el AZT, que seguramente hará que el sujeto se enferme. El AZT previene la proliferación en el organismo de cualesquiera células sujetas a un crecimiento veloz, incluyendo a las células inmunes CD4, que ahora los médicos piensan que se necesitan más que cualquier otra cosa. ... Pero puede que el sujeto no se cure. Es posible que ya haya sido dañado, no importa lo que haya sido lo que lo haya dañado. ... Pero no se lo suministra al sujeto en dosis limitadas tal como se hace en el caso de la quimioterapia del cáncer, donde se corre el riesgo de que aunque se esté dañando al sujeto, se está dañando más aun al cáncer, y tal vez el sujeto puede llegar a sobrevivir más tiempo. Pero aquí no se está corriendo ningún riesgo. Nunca nadie se ha curado de Sida. No se puede esperar que el sujeto se recupere, sino que se le pide que trague este veneno hasta que se muera.

Aproximadamente medio millón de personas se lo tomaron, pero nadie se ha curado, incluso la mayoría de esa gente ya ha muerto. Los que no lo tomaron ahora están tomando otro fármaco, un inhibidor de la proteasa. ¿Quién sabe que efectos causará? Los productores desconocían sus efectos cuando empezaron a venderlo. La FDA no les exigió que demostraran que dicho fármaco iba a curar el Sida y que no iba a matar al paciente, como tampoco le exigieron que demostraran lo mismo en el caso del AZT. Lo único que exigieron es que lograran cumplir un objetivo sucedáneo, es decir, que algo que se piensa que puede llegar a estar relacionado con la enfermedad en cuestión puede que mejore con el fármaco, como el nivel de células CD4, aunque no importe en absoluto lo que sean. Esa es una manera de sortear el concepto de que un fármaco debería ser eficaz para curar la enfermedad por la que se lo vende antes de venderlo. La sandez del objetivo sucedáneo es un signo de que la FDA no responde a nuestras necesidades. O al menos no lo hace a menos que nosotros mismos tengamos acciones en la industria farmacéutica y no nos importe para nada la atención médica.

Hace un tiempo quería hablar sobre estos temas a los científicos reunidos en Carolina del Norte en un seminario que había sido organizado por Glaxo, antes llamada Burroughs Wellcome, y por la Universidad de Carolina del Norte, denominado “Las fronteras de la química y la medicina”. Pensaba que esta técnica de matar a la gente con un fármaco que iba a matarlos de un modo que casi no se diferenciaba de la enfermedad misma de la que estaban muriéndose, solo que más rápidamente, era algo que en efecto se hallaba en las fronteras de la medicina. En entrevistas y seminarios anteriores yo había dicho que pensaba que el AZT no solo era inútil contra el Sida, sino que de hecho estaba envenenando a la gente. En Europa se habían realizado estudios médicos de largo alcance, y uno de ellos, denominado estudio Concorde, indicó exactamente esto que acabo de explicar: que el AZT era inútil contra el Sida y que causaba daño incluso a la gente sana. Se llegó a esta conclusión a pesar de que el estudio había sido financiado copiosamente por Glaxo.